Parece que se ha vuelto un lugar común decretar la muerte del rock. Tal vez sea una vieja costumbre humana, la de anunciar con bombos y platillos la muerte de cualquier manifestación cultural por el solo hecho de ser los primeros en decirlo. Como si de Crónica TV se tratara, se pelean por ver quien tiene la primicia de la muerte de la novela, del cuento, del cine, del boxeo, del rock o de lo que sea.
El asunto es que estos pájaros de mal agüero confunden novela con cualquier librito impreso, cine con pochoclos y rock con Coldplay. Y ahí es donde nos hacen trampa, porque dan por muerto algo que no saben lo que es, ni nunca han visto o percibido siquiera.
Dice el gran Alexander Kluge en el prólogo de "120 historias de cine" algo sobre su concepción del cine, que funciona a la perfección para referirse al rock: "Para mí el "cine" es inmortal y más antiguo que el arte de filmar. Se basa en la comunicación pública de los que nos "mueve por dentro". En esto el cine y la música están emparentados. Ninguno desaparecerá. Incluso cuando los proyectores hayan dejado de traquetear, habrá, lo creo con firmeza, algo que "funcione como cine"".
No podríamos estar más de acuerdo con esa definición, ya que sabemos desde siempre que no es un ritmo determinado, ni un instrumento ni siquiera cierta rebeldía lo que constituye la "cultura rock". Como muy bien tradujo La Renga la canción de Neil Young "Hey Hey My My, el Rock and Roll no morirá jamás./ Hay más en el cuadro de lo que puedes ver". Y para aquellos que no lo entiendan, el rock no solo murió, sino que nunca existió...