Siempre tuve una extraña sensación con la etiqueta "Disco es Cultura". Cuando era adolescente (por suerte, más tarde o más temprano a todos se nos pasa ese lamentable estado) y tenía en mis manos alguno de esos discos que me marcaron pensaba "¿No se dan cuenta aquellos que manejan el sistema que nos están avisando que ahí hay algo nocivo, algo que atenta contra ellos mismos". Es como si le pusieran la Marca de Caín (a propósito, el padre de la música) para que los atentos (o los suficientemente distraídos) pudiéramos reconocerlo. Disco es Cultura. ¿Qué cultura? ¿La de ellos? ¿O nos alertaban de la existencia de Otra Cultura que estaba latente, por asaltarnos?
Claro que aquella mirada ingenua no permitió ver el verdadero significado, que esta amenaza latente iba a ser absorbida por el sistema con la inefable ayuda de los propios músicos (como si al capitalismo le hiciera falta que le dieran una mano…). Ahora podrían poner Disco es Mercadería... O directamente no poner nada, inventar un dispositivo digital que permita bajar música en forma supuestamente ilegal y ahogar cualquier amenaza con megabytes de porquerías que sólo se pueden tolerar una sola vez. Con la obligación de nunca escuchar un disco entero, siempre saltar a los temas que hay que conocer, se destruyó la idea de una obra musical y se la reemplazó por entretenimiento. ¿Por qué esperar por algo, no? No vaya a ser cosa que algo suceda en la espera.
¿Serán tan obsoletos los discos como aquella amenaza imaginada? ¿Se puede seguir pensando en una nueva Cultura? ¿O tiene razón Solari y deberíamos empezar a poner en las zapatillas la leyenda "Nike es Cultura"?

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